El Opinador en Excélsior digital: ¿De qué nos morimos ahora?

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CIUDAD DE MÉXICO.

Esta semana hemos estado hablando de la salud. Dietas, alimentación, cosas que nos nutren y otras que sólo nos llenan, pero es suficiente. ¿Cómo mejora todo esto, nuestra calidad de vida? Porque si bien es cierto que actualmente vivimos más que hace unas décadas, también es cierto que los últimos años quizá no los pasemos en las mejores condiciones. Es más, ¿de qué se morían antes los mexicanos?

Hace aproximadamente 100 años eran más las enfermedades que los padecimientos los que se llevaban a la población. Infecciones que en algunos casos se curarían actualmente con una pastilla que vendan en la farmacia. A nivel mundial por aquellas épocas la difteria, infecciones gastrointestinales, tuberculosis, neumonía o influenza eras las causantes de pérdidas de vidas.

En el México de los años 30, según investigaciones del INEGI, las personas morían por enfermedades transmisibles, parásitos e infecciones de vías respiratorias o en el aparato digestivo. Males que se fueron controlando y en algunos casos erradicando gracias a los avances médicos, vacunas, más hospitales y campañas de prevención.

¿Y hoy? Hoy ¿de qué nos morimos? Los accidentes y el cáncer siguen estando presentes con los años. Pero de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud a esta lista se suman la diabetes, cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, infecciones en vías respiratorias, demencia y Alzheimer.

En muchos de estos casos, producto del abuso del alcohol, cigarro, vivir en espacios contaminados, estrés o por el descuido en nuestra alimentación y en la forma en que cuidamos nuestro cuerpo física y mentalmente. Padecimientos que hacen que en los últimos años de nuestra vida, el hígado, riñón, pulmones, vesícula y corazón dejen de funcionar más por un desgaste excesivo y falta de mantenimiento, que por alguna enfermedad que este fuera de nuestro control.

¿Qué hacer? A pesar de todas las corrientes que existen en torno a la alimentación y el ejercicio, el común denominador nos dirige a los básicos. Vidas con una alimentación sana, sin tantos productos procesados, reducir el consumo de azúcar de forma importante, hacernos al hábito de preparar nuestros alimentos y llevarlos con nosotros si regresamos tarde a casa, tomar agua simple y bajarle a los vicios.

Dedicar parte del día a hacer algún tipo de ejercicio que nos obligue a mover músculos y articulaciones. Reducir el número de horas que pasamos sentados e ir erradicando el sedentarismo, pues de nada nos servirá vivir más, si lo único que prolongamos es nuestra permanencia en este mundo y no la calidad con la que vivimos en el.

 

 





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